“O se lanza la locomotora a toda velocidad por la pendiente histórica hasta la cima, o la fuerza gravitacional la arrastrará nuevamente hacia abajo y se precipitará en el abismo con todos aquellos que, con sus vacilantes fuerzas, intentaban retenerla a medio camino”. Eso lo dijo Carlos Marx y sería aplicable al caso venezolano cuando no pocos chavistas y revolucionarios tratan de explicarse las causas que hicieron posible la victoria opositora en el referendo del pasado 2 diciembre.
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Y más cuando pocas veces el socialismo en la historia, como alternativa revolucionaria al capitalismo a nivel mundial, ha tenido una oportunidad como la que se le presenta en la Patria chica de Bolívar. En tal sentido, es de enfatizarse que el compromiso revolucionario no se limita nada más que al ámbito electoral, aunque no se eluda, sino que obliga a todos los chavistas y revolucionarios a contribuir efectivamente con la construcción de las bases de lo que sería el socialismo bolivariano del siglo XXI y a lograr una unidad real de los diversos factores sociales y políticos que lo respaldan activamente, haciendo del pueblo venezolano su principal sustentador y conductor.
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En esta nueva situación vivida por el proceso revolucionario bolivariano, es válida la sugerencia de Celia Hart “de hacer política desde la revolución. Dejar de convencer a los que nunca lo harían y reforzar a los que echaron pie en tierra a pesar de las tantas contradicciones y de traidores abiertos y encubiertos que saltaban por doquier”. Esto implica fortalecer el conocimiento y la conciencia revolucionarios a nivel de las bases populares mediante una formación ideológica socialista, sistematizada y con un apoyo sincero y constante de quienes hoy ocupan distintas posiciones de gobierno en nombre de la revolución bolivariana. En esta dirección debiera inscribirse, por ejemplo, la organización y el funcionamiento del PSUV en el entendido que esta organización debe ser espacio permanente del debate político e ideológico, como asimismo de la democracia participativa y protagónica, directamente ejercida por su militancia, sin la existencia mínima de los vicios antidemocráticos de los cogollos o elites partidistas. Para ello es muy importante e inmediato que todos los aspirantes a militantes socialistas combatan abiertamente en su seno las imposiciones de dirigentes que exhiben una conducta totalmente ajena a la de unos verdaderos revolucionarios, como ocurre con muchos en la actualidad, lo que revelaría en parte lo sucedido el pasado 2 de diciembre.
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Es fundamental para el avance revolucionario la depuración en todos los organismos públicos de aquellos funcionarios que sólo se ocupan de su sueldo y sabotean todo aquello que vaya en beneficio del pueblo. En relación con esto, se hace necesario activar contralorías sociales a todo nivel que sirvan para evaluar, controlar y fiscalizar la actuación de tales funcionarios, ayudando a hacer más eficiente y eficaz la administración pública. Esta acción del poder popular debe extenderse también al ámbito privado de la economía, ya que resultó evidente el papel desestabilizador cumplido por algunos empresarios de la producción de alimentos en las semanas previas al referéndum.
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De igual manera, se impone:
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1) redefinir la unidad revolucionaria y convertirla en acción política a corto, mediano y largo plazo, coincidiendo con la necesidad de consolidar el proceso de transformaciones que se iniciara con la elección presidencial de Hugo Chávez, sobre la base de una misma identidad y de una disciplina revolucionaria que siempre prevalezca por encima de cualquier tipo de interés sectario o personal de sus dirigentes.
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2) exigir de todos los entes públicos una mayor celeridad y eficacia en la solución concreta a problemas concretos que afecten a las colectividades. Para ello es importante asumir la participación popular como un elemento básico que no se puede dejar de lado en ningún momento.
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3) organizar al pueblo en función de darle sustentabilidad al proyecto revolucionario bolivariano adelantado y plasmado ya en la Constitución de 1999, lo que envuelve organizar la transición hacia el socialismo, primero como un estado o condición de la conciencia revolucionaria del pueblo y luego como realidad posible, con lo cual pueda constituirse y funcionar una nueva institucionalidad democrática al servicio de los intereses del pueblo en combinación con el poder popular.
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Para lograrlo, se necesita rescatar la sintonía con el pueblo y redefinir también la conducción del proceso revolucionario bolivariano, evitando que éste se desvíe y se distorsione en función de intereses unipersonales.La revolución no ha terminado. El proceso bolivariano continúa y solo falta consolidarlo con la participación popular. Chávez no se va. Eso es claro y legítimo. Faltan cinco años durante los cuales el proceso bolivariano podrá posicionarse de un modo más convincente en cuanto a su programa socialista, por lo que se hará necesario que se crea una diversidad de instancias organizativas populares que tengan objetivos comunes y actúen en una misma dirección, conformando en consecuencia una vanguardia revolucionaria legitimada por su gestión política y social entre las comunidades, sin que esto signifique nunca que se cierren las posibilidades de surgimiento de nuevos liderazgos revolucionarios.
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Por: Homar Garcés para ARGENPRESS