La agresividad que ha mostrado el Presidente colombiano Alvaro Uribe Vélez contra los movimientos guerrilleros sobrevivientes en Colombia; sus ataques de furia contra la intervención mediadora del Presidente de Venezuela y la Senadora liberal colombiana Piedad Córdoba, para buscar la liberación de esas víctimas de la violencia colombiana que lleva más de 60 años; por la ruptura de Uribe Vélez de los contactos con el gobierno francés y otros gobiernos europeos y latinoamericanos, que buscaban soluciones; por el total aislamiento en que quedó Uribe Vélez en Buenos Aires en el encuentro de jefes de gobierno latinoamericanos con motivo de la posesión de la nueva Presidenta de la Argentina, Cristina de Kirchner; por la parálisis mental que causa en el ser humano la suspensión sorpresiva de una conducta agresiva y conflictiva, el Presidente Uribe Vélez ha quedado aislado del mundo con excepción de sus vínculos de dependencia total que mantiene con el Presidente de Estados Unidos George Bush, y en una condición de aislamiento que estimula más su agresividad natural y de clase, pues ha sido un terrateniente agresivo y ahora en Colombia comienzan a divulgarse en la prensa y en otros medios conductas suyas en el pasado que lo ligan a supuestos nexos con el paramilitarismo y la ultraderecha colombiana.
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A lo anterior se agregan los efectos dramáticos y estremecedores de la carta que la colombo-francesa y dirigente política colombiana Ingrid Betancourt envió desde la selva a su propia madre y que ha sido divulgada en todo el mundo. Su impacto ha levantado el ánimo y el espíritu de lucha de todos los colombianos por la liberación de todos los secuestrados y presos políticos. En esa carta dice Ingrid: “Durante muchos años he pensado que mientras esté viva, mientras siga respirando tengo que seguir albergando la esperanza. Ya no tengo las mismas fuerzas, ya me cuesta mucho trabajo seguir creyendo, pero quiero que sientan que lo que han hecho por nosotros ha hecho la diferencia. Nos hemos sentido seres humanos. Gracias.”
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A lo anterior conviene agregar nuevos sucesos de muerte en las provincias y regiones colombianas. Yo sólo recibo dos periódicos diarios de departamentos de la Costa Caribe de Colombia. Del resto del país no recibo ningún periódico. Sin embargo, lo que hoy pasa muestra la realidad de toda Colombia.
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El actual Ministro de Relaciones Exteriores de Colombia, Fernando Araujo, sintió los efectos de la agresividad del Presidente Uribe, quien sin informarlo siquiera, reestableció en su empleo a una funcionaria de la Embajada de Colombia en Washington destituida por el Ministro. Además, ni siquiera pudo acompañar al Presidente Uribe a la ceremonia de cambio de mando en la presidencia Argentina, pese a que el ministro cree que ayuda a Uribe Vélez diciendo una monstruosa mentira: que él se fugó de la detención de un grupo guerrillero en virtud de una operación militar gubernamental que lo liberó. En el primero y verdadero relato que él hizo contó cómo fue su fuga del campamento guerrillero, los sitios que recorrió sólo para llegar después de varios días a una estación militar que encontró en la zona por donde huía, por indicaciones de un campesino de la región. Ya en esa estación militar, donde había medios de comunicación, se conectó con los mandos militares y contó su hazaña de huir. El Ministro de Defensa Juan Manuel Santos, de la extrema derecha colombiana, el Presidente y los mandos militares indujeron a Araujo a cambiar su versión de que el fue liberado no por su heroísmo y tenacidad sino por un operativo militar.
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Nadie en Colombia que escuchó su primera versión, se tragó esa mentira. A lo anterior se agrega que en estos momentos hay dos escándalos nacionales: el encarcelamiento del expresidente del Congreso de la República, el Senador conservador Luis Humberto Gómez Gallo y del Representante a la Cámara Gonzálo García Angarita, y que se descubrió que los teléfonos y sistemas de comunicación del Presidente están siendo interceptados y divulgados. El Ministro de Defensa Juan Manuel Santos no sabe como explicar esta falla del sistema de comunicación del Presidente. .
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Alguien pagará por este hecho: ¿El Ministro?
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Por: Apolinar Díaz - Callejas para ARGENPRESS