Ya hace más de un año que se creó el Ministerio de Cultura. Más allá de lo simbólico y de la buena intención de quienes han manejado ese ministerio hasta ahora su gestión ha sido pobre. ¿Ha faltado capacidad tal vez? ¿Ha faltado pluralidad? ¿Ha faltado una política cultural clara? ¿Ha faltado una mirada que vea lejos? ¿Ha faltado una mirada nueva? ¿Han sobrado las miradas anquilosadas que participan en instituciones culturales desde hace añares? Ha faltado y sobrado un poco de todo. Lo más destacable en un año es la propuesta de política cultural del viceministro Noriega para poder caminar, pero temo que el ministerio esté entrampado en una forma vieja de ver la cultura, un tanto retrograda, un tanto conservadora.
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La imagen que se presenta frente a mí en este comienzo de 2008, es muy similar a la que se presentaba hace catorce años, cuando era editor cultural del diario Hoy y nos jugamos tanto por cambiar la forma de entender la cultura en el país, repitiendo una y otra vez que si la cultura se burocratiza deja de ser cultura. Pero, lamentablemente, muy poco ha cambiado, porque se mantiene la misma mirada burocrática de la cultura, y me temo que eso no se pueda modificar si no se aplica el bisturí a fondo.
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El Presidente de la República, Rafael Correa, desde el primer momento se jugó por instrumentar una política cultural de largo alcance. Sin embargo, me temo que, como en el área militar y alguna otra, quienes le asesoran al respecto tengan muchas limitaciones. Ojalá me equivoque.
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Existe una gran contradicción en este momento: un gobierno que camina hacia el cambio, tiene una política cultural estancada en la burocracia de ayer. Un punto de quiebre puede estar en la excelente propuesta de soberanía cultural presentada a la Asamblea Constituyente por Tania Hermida, que busca sentar las bases para desburocratizar la forma de ver y entender la cultura.
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En todo caso, revisando algunos artículos de hace catorce años, veo que, salvando las distancias, ubicándonos en el momento histórico y teniendo claro que sí se ha avanzado en estos años, podrían haber sido escritos en estos días. Ahí van algunos:
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1. Algo quiere moverse
Por diversas vías y por distintos motivos, poco a poco, se está volviendo a la discusión sobre la cultura, lo que puede indicar que algo se mueve, o quiere moverse. Tradicionalmente, cada vez que gente de la cultura discute sobre la cultura, es promesa de un gran aburrimiento. Hasta hace algún tiempo era también apuesta segura a la confrontación de intereses intelectuales o ideologizados que abrían espacios a maniobras y contramaniobras que (dicho sea de paso) ayudaron a que desde hace ya mucho tiempo no exista en el país ningún organismo, institución, o lugar de confluencia de las distintas áreas del trabajo cultural y artístico. Quizás por esos motivos hacía tiempo que no se discutía de cultura. O las discusiones iban por barrio, o entre cuatro o cinco. El dato que de nuevo empiece a moverse el debate, algo más ampliado, como el organizado por el Municipio de Quito para realizar una programación cultural acorde con la ciudad; como el iniciado en la sección cultural de HOY hace unos meses sobre la vigencia de las bienales literarias, la realidad de la Casa de la Cultura, los nuevos espacios culturales, el papel del Estado en lo que a cultura se refiere, el papel de la crítica, la necesidad de que quienes pertenecen al medio cultural puedan hablarse con franqueza sin miedo a hacerse de un enemigo, sin hipocresías, sin chusmeríos, la oposición entre teatro comercial y teatro alternativo, ya es algo. Pero es probable que de momento no se logre avanzar mucho, y es seguro que al menos por un tiempo cada uno seguirá por las suyas en lo que está, y, qué más remedio, pero no estaría mal que se empezara a discutir si no son urgentes vientos removedores que desacralicen y desinstitucionalicen la comunicación cultural artística, que se abra el espacio a lo 'no previsto', que las calidades tengan que ver con esa flexibilidad plural. En ese sentido, quizás habría que plantearse, antes que pase más tiempo, las proyecciones hacia el futuro inmediato, del trabajo cultural y en particular el de las instituciones culturales. Imaginar, por ejemplo, cuáles pueden ser las condiciones en que ese trabajo puede (o debe) desarrollarse en los próximos dos años. Es posible que estas reflexiones conduzcan a proyecciones totalmente distintas unas de otras: desde el optimismo irracional hasta el pesimismo irracional. Pero es posible también que del análisis de optimistas y pesimistas se llegue a algo más concreto que las vaguedades esloganísticas y programáticas actuales de los optimistas y los meros vaticinios pesimistas. Si los hechos van a dar la razón a optimistas o pesimistas, el futuro lo dirá. Pero vale la pena que quede constancia de que hoy por hoy, la tendencia dominante en el medio cultural, es la de taparse los ojos para tratar de no ver; por ejemplo: los recelos que existen entre los fotógrafos (una muestra fue Conociendo el Ecuador), las peleas que mantienen ciertos grupos de danza ejemplificadas en celos y alguna que otra picardía para perjudicarse entre sí; la triste realidad de los músicos que tuvieron que pasar muchísimo tiempo para que comenzaran unirse porque cada uno pensaba en su interés personal antes que en el conjunto mientras los empresarios seguían prefiriendo a artistas extranjeros (muchas veces de baja calidad); la falta de solidaridad con grupos como Koral y Esmeralda que fueron hostigados hasta el cansancio por otros grupos similares que no querían que viajaran a Japón a presentar su trabajo por pura envidia; el sub mundo de amiguismo que sigue manteniendo el compadrazgo en la crítica literaria y en muchos casos también de arte; el eterno temor a asumir banderas ejemplificado en el hecho que el ejecutivo veta la ley de cine y el presidente de ASOCINE asume que por lo menos se discutió sobre el tema; la falta de seguridad en muchos teatreros que tienen que a salir a pelearse con un grupo de niñas (como en el caso de la Marujita) porque deben defender su fuente de trabajo y su creación a como de lugar; el desespero de muchos teatreros, escritores, cineastas, etc. que llaman a los diarios rogando y a veces exigiendo una entrevistita o la difusión de lo suyo. Chusmerío, falta de solidaridad, envidia, recelo, en fin hay mucha cosa fea que trata de ocultarse y eso se vuelve contra la cultura.
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2. Dejemos los eufemismos
En los últimos tiempos se han puesto de moda las denuncias de corrupción en las alturas del poder. Y uno piensa enseguida en la realidad política o económica, pocos se refieren a la cultura, donde se mueven un montón de intereses y amiguismos que algunos llaman eufemísticamente 'palanqueos', pero que en el fondo no dejan de ser actos de corrupción. En el medio cultural existe un estado de las cosas que casi nadie quiere cambiar. Como que todos asumen la existencia de un mundo subterráneo que, para modificarlo hay que pelearse con demasiada gente y tal vez queden mal parados. Además nadie asegura que realmente se den cambios, entonces todos prefieren dejar las cosas como están. Pero todo comienza por ese miedo a la crítica que tienen muchos culturosos. Desde las páginas culturales de HOY se han realizado críticas muy duras a obras de teatro, a cines que pasan películas cortadas, a libros malos, a lanzamientos de libros aburridos, a debates que son monólogos, etc. Se han criticado muchas cosas. Y con esas críticas unos han estado de acuerdo y otros no tanto. Unos han felicitado, otros no tanto. Lo más chistoso es que muchos felicitan cuando no les toca la crítica, cuando les ha llegado, por mínima que fuera, se han resentido, incluso siendo amigos, quienes justamente por eso, muchas veces se creen intocables. Parece que cada uno de los actores culturales quieren ser el centro del mundo. Entonces para 'andar bien' hay que introducirse en la red de amiguismos existente, que a la vez se nutre de una red de 'odios' entre gentes que no se pueden ver y hablan por debajo de los 'odiados', pero a la hora de los cócteles andan a los besos y abrazos. Y esa red tiene ingerencia en los auspicios y en la difusión cultural. Pero la corruptela culturosa no se queda en eso, se extiende a muchos rincones: consejos editoriales de figuración; personas que aparecen como editores encargados pero no hacen nada, porque no saben ni hacer la O marcando con un lápiz a través de un vaso redondo (como ha ocurrido en alguna revista especializada en comunicación); gente que mueve influencias para difundirse a sí mismo; gente que cree que con una botella de whisky o un ramo de flores compra su difusión, celos y recelos entre grupos de teatro, fotógrafos, escritores y muchísimo más. Y si a todo eso sumamos las denuncias sobre la Casa de la Cultura, tenemos un panorama que no es muy halagador, por eso sería bueno que los culturosos que opinan sobre la corrupción, miren un poco hacia dentro de la realidad cultural, hacia dentro de ellos. Dejemos a un lado los eufemismos.
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3. Como viejas chismosas
'No convocaron a todos los fotógrafos ecuatorianos:, dijo alguien. 'Se saco un libro gratis', dijo otro. 'Fue un arreglo entre amigos', dijo otra. 'Todos los fotógrafos están enojadísimos', dijo alguien más con motivo del proyecto fotográfico 'Conozca el Ecuador', hemos escuchado muchos rumores que terminaron sonando a chusmerío 'Fulano no presentó ni carpeta y lo eligieron, dijo uno más. Sin embargo cuando se les pide que ellos den los testimonios terminaron diciendo 'no, sabe como es esto no quiero tener problemas, pero fulano puede decir algo', entonces terminan embarcando a otro que sí no tiene miedo. Otros dijeron 'sí yo estoy de acuerdo en desenmascarar todo este tengo' y en la mitad de la conversación cambiaron de parecer 'pero esto va a salir. Si en realidad yo no estoy de acuerdo con lo que hicieron, pero bueno organizar una cosa de estas es muy difícil. Hay que tener en cuenta a veces convocar a todos no es posible'. Claro al final algunos dieron la cara, justamente los que no andaban comentando por atrás los que no se manejaron como comadres chismosas.... Muchos han hablado haciendo correr bolas pero cuando tienen que hablar no lo hicieron simplemente dijeron 'investiguen y saquen algo ustedes' que es como decir juéguense ustedes porque nosotros somos unos miedosos, que es como decir búsquense los problemas ustedes que a nosotros nos gusta seguir siendo hipócritas porque tal vez mañana me tope en algún cóctel con la persona de la cual hablé y quien sabe que pasa. Es mejor que sepa que hablo por abajo pero no públicamente así nos seguimos saludando y sonriendo. Tal vez eso se deba en parte al miedo a la crítica franca, al miedo a decirse las cosas sin que por eso uno tenga que tornarse enemigo. De otro lado, algunos que tenían una visión distinta a la de lo -chismoso- también se molestaron al ser consultados (por supuesto que no todos, hubo varios que respondieron sin ningún tipo de problemas, sin miedos) y dijeron que no ayudarían quienes querían utilizar esto como polémica. En fin, acá no estamos criticando la historia que se tejió al rededor de Descubriendo el Ecuador. El lector sabrá sacar sus conclusiones del artículo que sobre la polémica sale en estas páginas. Acá lo que queremos criticar es una cultura de la hipocresía que está instalada en al cultura nacional. Aquello de hablar por debajo sin decir las cosas de frente, o porque el criticado se enoja o porque el crítico piensa que tal vez mañana el criticado pueda perjudicarlos en algo. Y así nos movemos en las distintas áreas de al cultura. lo del evento fotográfico es un mínimo ejemplo.'No convocaron a todos los fotógrafos del país 'El mercado quedará saturado de fotos ecuatorianas', dijo otro. Así nos movemos en las distintas áreas culturales, tan solo Es hora de madurar, de que dejemos de parecernos a viejas chismosas y comencemos a contribuir a una cultura de la autocrítica y la crítica franca. Sin duda la cultura saldrá ganando
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3. Auspicios culturales y tráfico de influencias
Los teatreros se quejan del poco apoyo que tienen para montar una obra, los escritores dicen que es muy difícil editar un libro en Ecuador, los cineastas hablan de que es casi imposible rodar un filme, los pintores no se quejan tanto pero al igual que los otros dicen que en el país no hay dinero para la cultura. En realidad, quien más quien menos, la mayoría de las personas que están vinculadas a la creación dicen que no hay un proyecto estatal que oriente y apoye el quehacer cultural. Pero tal vez la mayor queja es que esa falta va acompañada de la casi inexistencia de auspicios en las distintas áreas.
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En Ecuador, quienes brindan fondos para actividades culturales son la Subsecretaría de Cultura, La Dirección Nacional de Cultura y el Consejo de Cultura que, tiene una partida presupuestal exclusiva para auspicios no reembolsables y cuenta con el Fondo Nacional de Cultura (Foncultura) que otorga créditos reembolsables y asignaciones no reembolsables.
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A través de esas instituciones se lleva adelante la 'política cultural' del país que, en muchos casos se reduce a dar créditos para algunas actividades, aunque quienes las dirigen señalan que no se puede hacer mucho debido al recorte de los presupuestos. El Consejo Nacional de Cultura que, en 1995 debía contar con un presupuesto de 400.000 dólares, solo tuvo 130.000 porque el Ministerio de Finanzas se lo redujo. Simón Zavala, secretario general de ese organismo, señala que: 'los auspicios no reembolsables prácticamente están paralizados porque no tenemos recursos económicos. Lo único que se mantiene son los créditos reembolsables. Aunque en el papel está que tenemos cierta cantidad de dinero, en la práctica todavía no ha sido asignado'.
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La Subsecretaría de Cultura también tiene problemas para auspiciar, de su presupuesto anual solo el 5 por ciento es utilizado para apoyar la actividad cultural pues el resto se va en los sueldos de los empleados. Francisco Delgado, Subsecretario de Cultura, explica que 'la entidad recibe anualmente unas 80 solicitudes de ayuda, pero solo pueden ser cubiertas el 40 por ciento. En esencia, la Subsecretaría no es un organismo 'auspiciador', pero ante la alta demanda decidió cubrir en parte el vacío dejado por el Banco Central, cuando canceló sus actividades culturales'. Delgado también señala que es penoso ver como 'la política para los auspicios se basa en la limosna. Debería haber una ley que obligue, por medio de un tributo, que el Estado cuente con suficiente dinero para evitar que los artistas sean limosneros'.
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Por el lado privado hay algunas empresas que brindan ciertos auspicios en distintas áreas de la cultura, pero además de ser muy poco, generalmente es un apoyo que no entra dentro de una política cultural programada, sino que se presenta como una forma de crear imagen. El dinero es poco, pero el cuestionamiento es todavía mayor cuando se reparte mal. De lo que más se quejan artistas y escritores es que tanto en los auspicios estatales como en los privados interviene el 'amiguismo'. Muchos señalan que depende de los contactos que el creador tenga en las empresas u organismos para conseguir apoyo y, ponen el siguiente ejemplo: 'aunque la crítica y el público señalaban a la obra de teatro 'Solo cenizas hallarás' como una de las mejores del año dándole el calificativo de excelente, esta no logró ningún auspicio. Paralelamente, crítica y público coincidieron en decir que la obra 'Manuela Libertad' era la peor de 1995, sin embargo, tenía múltiples apoyos estatales y privados'. No puedo hablar de la obra 'Manuela Libertad' porque no fui a verla, pero sí concuerdo en que 'Solo cenizas hallarás', merecía mucho más apoyo del logrado, como lo merecía 'Etsa y el gigante'. Dos obras, que a pesar de tener muy buen nivel no tuvieron la difusión necesaria como para que la gente pudiera concurrir a verlas y además los auspicios en dinero fueron pocos. 'Etsa y el gigante', una obra teatral que se estrenó en medio del conflicto entre Ecuador y Perú y trata sobre una leyenda de los indígenas shuar en la que se muestra una oposición a la guerra. 'Este hecho sirvió para que muchas entidades nos negaran apoyo', comentó el director, Leonardo Ramos. Solo este hecho me lleva por enésima vez a preguntarme ¿por qué algunos logran mucho y otros casi nada?, ¿cuáles son los criterios con los que se manejan los auspiciantes de cultura, privadas o estatales?, ¿logran más auspicios aquellos que se mueven más?, ¿los que tienen buenas relaciones en todo lugar?. Una y otra vez no encuentro respuesta, y tal vez nunca la encuentre. Siempre que hemos preguntado sobre los parámetros con que se dan auspicios, las respuestas han sido vagas y generales, nunca nada concreto. Tal vez sea el momento de que las cosas comiencen a cambiar. En un momento que los auspicios no son muchos, sería bueno que las empresas privadas que auspician actividades culturales antes de entregar dinero así porque sí analicen la calidad de lo auspiciado y ponderen los fondos, para que no se lleven todo unos pocos y los otros queden al aire libre. Lo mismo serviría para las entidades estatales. Solo así pueden ayudar a terminar con la pobreza teatral en que vivimos. Solo así pueden aportar a levantar el nivel de las actividades culturales, porque hasta ahora los auspicios han servido para mejorar casi nada. Simón Zavala dice que 'El departamento de Fomento Cultural primero hace un estudio de cada petición, en base al análisis de las carpetas que presentan los artistas. Entre los parámetros que se toman en cuenta están el impacto cultural nacional y el hecho de que el proyecto llegue a todas las capas de la sociedad y no solo a un grupo de intelectuales. En los créditos también se toma en cuenta la rentabilidad'.Francisco Delgado, por su parte, dice que en la Agenda para el Desarrollo, que realizó el gobierno, se establece que 'las prioridades en materia de cultura son el patrimonio cultural, la información cultural, las identidades, las artes y el fomento a la lectura. Otro parámetro importante para elegir un proyecto es que exprese una expectativa de excelencia, que se puede reconocer en la participación de un elenco reconocido, por ejemplo. En cuanto a la denuncia de 'tráfico de influencias' para obtener apoyo, dice que 'siempre hay gente que se nueve así, pero nosotros tratamos de ser lo más objetivos posible'.En todo caso, tras los pocos auspicios o la mala distribución de estos, todos coinciden en señalar que se esconde la falta de una política cultural duradera que no se modifique cada vez que hay un cambio de gobierno. El pintor Marcelo Aguirre, que recientemente ganara en México el Premio Marco, uno de los más importantes a nivel mundial, dotado con 250.000 dólares, dice: 'a ratos siento que las alternativas para los que están comenzando son reducidas porque no tienen mucho espacio y no existe una política cultural clara. La empresa privada apoya algo, pero falta mucho, y en lo estatal, el trabajo del Municipio de Quito, tal vez sea lo mejor'.
4. ¿Arte ecuatoriano de hoy?
Cuando uno escucha que va a concurrir a una exposición que reúne 'el arte ecuatoriano de hoy', se imagina que no puede faltar Ramiro Jácome o Jesús Cobo o Luigi Stornaiolo (para nombrar solo algunos ejemplos), sin embargo se topa con que ellos no están. Entonces uno se preocupa y dice 'esto es solo parte del arte ecuatoriano de hoy, no todo'. Pero enseguida trata de buscar una explicación y se entera que, dentro del criterio de selección está que los participantes hayan 'estudiado o residido en Europa en algún momento de sus vidas' y, ahí se comprenden las ausencias. De todos modos es un requisito absurdo, pero enseguida recapacita y se dice 'siendo la Comunidad Europea la que pone el dinero y teniendo en cuenta que es La Huella de Europa, se entiende'.
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Uno decide, mientras recorre la muestra (muy bien montada), buscar más información y, recurre al libro con obra y trayectoria de los participantes, en el que la curadora, Carmen Rosa Ponce, dice que en ella 'se aprecian las últimas creaciones de renombrados y jóvenes artistas ecuatorianos. Algunos poseedores de una valiosa trayectoria, otros de gran proyección artística, a todos ellos les une el hecho de haber estudiado o residido en Europa en algún momento de sus vidas, requisito solicitado por el festival. Delicada ha sido la tarea de selección a fin de obtener la calidad y diversidad expresiva. Artistas de diversas provincias del país han sido convocados para lograr así una cobertura nacional. Por primera vez en Quito, la pintura, la escultura, el grabado, el dibujo, los objetos de arte, las instalaciones, el papel artesanal y la fotografía, todas ellas manifestaciones del arte de hoy, se dan la mano para mostrarse al público ecuatoriano. La muestra hace énfasis en la generación surgida a finales de los años 80, de la cual muy poca información existe. Nos abre grandes expectativas, pues nunca antes en el Ecuador se ha dado una simbiosis semejante del arte nacional con las manifestaciones del arte universal en simultaneidad temporal. (...) La vieja Europa sigue siendo una gestora de pensamiento, brindado a los jóvenes que se nutren de sus vivencias, nuevas alternativas y posibilidades de expresión'.
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No hay duda que la tarea de la curadora no debe haber sido fácil, más si tenemos en cuenta la variedad de expresión que se buscó reunir; sin embargo, el título de la exposición no fue bien elegido porque si hablamos de lo más representativo del arte ecuatoriano de hoy estarían faltando algunitos y, sobrando otritos. En todo caso, la mayoría de los que están sí representan, dentro de su manifestación artística, la calidad el arte actual del país. Y ahí está Marcelo Aguirre, Pablo Barriga, Hernán Cueva, Diego Cifuentes, Lucía Chiriboga (en donde la influencia europea podrá estar en la marca del papel que utiliza para sus fotografías tal vez, porque su obra es esencialmente latinoamericana, llena de la vida y los misterios de este continente), Nelson Román (otro que, a pesar de vivir en Europa, es más latinoamericano que muchos), Nicolás Svistoonoff, Miguel Varea, Jorge Velarde, Jaime Zapata. En fin una gran exposición, con altos y bajos debido a la desigualdad artística y, con hechos criticables como ese del mal título.
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Por otro lado y, esto serviría para un debate, al hablar de la huella de Europa en la Cultura latinoamericana en general y ecuatoriana en particular, habría que marcar lo positivo (que es mucho) y lo negativo (que también es bastante), como por ejemplo la realidad de tantos artistas que fueron marcados a fuego por la discriminación cuando tenían que colocar su obra en el viejo continente.
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No soy anti-europeo y, me parece que los intercambios, fusiones y simbiosis que se dan entre los pueblos son forjadores de la cultura universal, además no hay duda de que Europa dejó huellas muy ricas en La América. Sin embargo, cuando se realizan este tipo de festivales auspiciados por la Comunidad Europea, sería más honesto mostrar todas las huellas: aquellas que son como caricias y, aquellas que son una herida.
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5. La realidad es profundamente estética.
Una obra de arte o una creación literaria -dicen algunos-, está hecha para agradar al ojo o al espíritu del que mira o lee, pero no para dar mensajes a nadie, no para ayudar a que el pensamiento marche por los caminos de la realidad, no para que el hombre a través de la magia de la lectura, del color o las formas se impregne de los acontecimientos que marcan al mundo de su tiempo. Este es un decir que siempre existió, pero se extendió mucho más en los últimos años con los 'filósofos' del neoliberalismo y del post modernismo que, han venido imponiendo su ideología a lo largo del mundo. Sin embargo, la realidad siempre será más fuerte que las filosofadas más o menos superficiales de estos señores, que es como decir de las derechas o nuevas derechas. La realidad espera acurrucada pero tarde o temprano salta sobre el escenario y se impone. Muy poca sensibilidad (o ninguna) tienen aquellos artistas o escritores que no se comprometen con ella y no se mojan con el dolor del ser humano. Pero el compromiso con ella, debe ir acompañado al compromiso con la creación que, nunca es panfletaria. Además, el compromiso no es solo político o social, es sobre todo humano. Quién más comprometido pero a la vez más burlón de la realidad, inclusive de la suya propia, que Juan Carlos Onetti. Y quién más comprometido con la creación, o sea con la creatividad, que el propio maestro de la narrativa. Su obra es el mayor ejemplo de que el compromiso es, ante todo, profundamente estético. El otro día, Marcelo Aguirre, luego de ganar el Premio Marco, uno de los más importantes del mundo, me decía que es imposible separar su arte de lo político, y comentaba que cuando las autoridades del Museo Municipal de Guayaquil suspendieron su muestra 'Manos limpias y sin sangre' aduciendo que no era arte sino política, no solo se indignó por la censura sino porque sabe que lo principal en su obra es la creación que, no puede dejar de ir paralela al compromiso con los aconteceres de su tiempo, incluso cuando el mensaje no es directo para no subestimar al público. Tradicionalmente, unos creían (creen) que con tres consignas se creaba, y no solo estaban desperdiciando la creación sino que malinterpretaban el compromiso porque estaban construyendo mentiras; otros propagandeaban (propagandean) el esteticismo como verdad suprema y estaban despreciando a la gente, construyendo otra falsedad. El decir de Aguirre, demuestra que a pesar de todos los vientos corridos desde la caída del muro berlinesco y la instauración del baldío socialista, muchos creadores de la cultura siguen manteniendo un compromiso con la realidad o sea con la vida, sin transar con principios y escapando a las dos posturas típicas. Alguien dijo por ahí que cuando un pueblo no dispone de la palabra todo lo que hace está perdido. Yo le agregaría que también está perdido cuando no dispone de la imagen (en esta época del audiovisual mucho más) y, sobre todo, cuando no dispone de la realidad. De alguna forma, aquellos artistas y escritores que mantienen un compromiso estético con su mundo, están actuando para que el pueblo disponga de la palabra, la imagen y la realidad. Quienes mantienen al esteticismo como una revelación de Dios, están cogiendo la posta de los filósofos del post modernismo, asumen que la realidad no existe, manejan un discurso ideológico que no es neutral como quieren hacernos creer y le hacen el juego a los que tienen la sartén por el mango, o sea a los dueños del poder. Antes (y ahora) la realidad es profundamente estética.
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Por: Kintto Lucas para ARGENPRESS