Mientras la época de la decadencia se imponía en La Habana, los primeros signos de una revolución empezaban a apoderarse del campo. Durante el mandato de Batista, una pequeña elite gozaba de un distinguido estilo de vida en tanto que la mayoría de la población rural vivía en una pobreza espantosa. Pocos tenían agua corriente, electricidad o acceso a la asistencia sanitaria y a la educación. Una cuarta parte de la población cubana no sabía leer ni escribir y una cuarta parte de la población masculina adulta estaba desocupada. La corrupción, la opresión y la desigualdad estaban a la orden del día en el país.
En 1953, un año después de que Batista iniciara su segundo mandato como presidente, un brillante y joven abogado, llamado Fidel Castro, decidió que la única manera de acabar con ese reinado dictatorial era organizando una revuelta armada. Este no fue el primer intento de Fidel para llegar al poder. Un año antes ya había tratado de ganar un escaño en el Congreso, pero una maquiavélica estrategia de Batista hizo que las elecciones se cancelasen clandestinamente.El ataque al cuartel Moncada
Con la esperanza de provocar una revolución masiva del pueblo cubano, el 26 de julio de 1953 Fidel Castro y ciento veinticinco de sus compañeros contrarios a Batista lanzaron un ataque sobre los edificios del ejército en el cuartel Moncada, en Santiago de Cuba. Sin embargo, mientras resonaba la música del carnaval, los combatientes revolucionarios eran brutalmente derrotados. A pesar de haber sido un fracaso total, el desventurado golpe marcó el principio de la revolución cubana y sirvió de presagio para el futuro.
Tres rebeldes murieron en el ataque y más tarde la policía mató a otros 68. Los que lograron escapar, incluido Fidel, se refugiaron cerca de las montañas de la Sierra Maestra. No obstante, poco después fueron rodeados y encarcelados. Afortunadamente para Castro, el oficial que los arrestó era un simpatizante de la causa de los rebeldes y lo llevó a una cárcel local en lugar de encerrarlo en la prisión del Gobierno, donde seguramente lo habrían matado. Después, aquel oficial, el sargento Pedro Sarriá Tartabull, fue condenado y encarcelado por el régimen de Batista, pero pasados los años obtendría la recompensa por su buena acción: un Fidel agradecido lo nombraría su guardia de seguridad personal.
La historia me absolverá
Haber ejecutado a Fidel Castro clandestinamente le habría solucionado muchos problemas a Batista, pero su captura se había difundido por toda la isla y cualquier intento subsiguiente habría fomentado un mayor sentimiento antigubernamental. Por lo tanto, para evitarlo Batista tuvo que permitir que el rebelde fuera juzgado. Castro, actuando como su propio abogado, pronunció un discurso de cinco horas que cuajó con profundidad en la mente de la clase baja de Cuba. Calificó a Batista como el peor dictador de la historia cubana y describió con detalles las tristes condiciones de vida de la mayoría de los cubanos.Así mismo, hizo un llamamiento a la educación universal, a la reforma agraria y a la reestructuración total del Gobierno. Terminó con las célebres palabras: ¨ Condenadme, no importa. La historia me absolverá.
Condenado a 15 años de prisión, Castro fue encarcelado en la isla de Pinos, actualmente llamada isla de la Juventud. Al cabo de dos años, ya no se consideraba que Castro constituyera una amenaza para el Gobierno, por lo que fue puesto en libertad el Día de las Madres de 1955. Más tarde, Batista lamentaría esta decisión precipitada.
El ataque al cuartel Moncada fue el inicio de la lucha contra la dictadura batistiana que culminó con el triunfo de la Revolución el 1 de enero de 1959.
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Por: Osvaldo Piñero
ARGENPRESS